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Cuare: el humedal de Falcón que existe al lado de la playa

Junto a las playas de Morrocoy hay un refugio de fauna que recibe aves acuáticas y alberga manglares, canales y bosques. Cuare merece una mirada propia.

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ElVainero
16 de septiembre de 20263 min de lectura0 visitasVE

En Falcón, el nombre Morrocoy suele llevarse toda la conversación. Cuare queda al lado, pero no es una sala de espera para ir a los cayos. Es un refugio de fauna donde se encuentran ambientes marinos y continentales: manglares, canales, bosques y humedales de aguas someras. Un mapa de playa puede omitirlo. Las aves, no.

Un sitio reconocido por su valor internacional

La ficha de la Convención sobre los Humedales registra a Cuare como sitio Ramsar desde 1988. Describe arrecifes, playas arenosas, manglares, bosque bajo y una red interior de canales. También señala su papel como lugar de descanso y permanencia de aves acuáticas. El reconocimiento no convierte al sitio en intocable por decreto; sí obliga a tomar en serio aquello que lo hace funcionar.

Para un ave migratoria, un humedal no es un decorado de paso. Es un sitio donde puede alimentarse y recuperar energía. La disponibilidad de agua, barro, peces pequeños e invertebrados determina si esa parada sirve. Para especies residentes, los cambios del nivel del agua y de la salinidad alteran el menú cotidiano. Por eso un relleno, un canal modificado o una descarga pueden importar mucho más de lo que sugieren desde la carretera.

El manglar no es terreno vacío

Los manglares suelen verse como una franja desordenada entre el mar y la construcción posible. Esa lectura ha salido cara en demasiadas costas. En Cuare, la maraña de raíces retiene sedimentos y ofrece refugio a peces y crustáceos. El humedal también sostiene actividades humanas vinculadas con la pesca. Protegerlo no implica fingir que no hay personas; implica reconocer que el uso depende de un sistema vivo.

La Convención sobre los Humedales ha documentado preocupaciones por el impacto de las instalaciones turísticas en Cuare y el vecino Morrocoy en una recomendación oficial. El problema no se arregla con un cartel que diga conservar. Hay que decidir dónde construir, cómo tratar el agua y qué sectores requieren tranquilidad para la fauna.

Aprender a mirar lo menos fotogénico

Un ave que se detiene en un bajo fangoso, un canal con agua turbia, una raíz cubierta de pequeños organismos: ninguna de esas escenas compite con una playa blanca en una portada. Pero explican por qué la playa y la vida marina que la rodea no existen aisladas. Cuare enseña una forma de atención distinta. La costa sigue después de la orilla.

El agua marca el horario

En un humedal costero, un cambio de marea puede dejar una orilla expuesta y convertirla en mesa de alimentación para aves limícolas. Horas después, el mismo sitio queda cubierto. La conexión entre canales y áreas someras regula ese ir y venir. Por eso el trazado de un acceso o un relleno aparentemente pequeño puede interrumpir una función grande: no bloquea todo el refugio, pero sí el paso del agua hacia una sección precisa.

La ficha Ramsar registra además interés arqueológico en Cuare. Esa capa histórica recuerda que el vínculo humano con el lugar no empezó con el turismo reciente. Mirar el refugio exige juntar tiempos distintos: el de la marea diaria, el de las migraciones anuales, el de comunidades que usaron la costa antes de los mapas modernos y el de decisiones urbanas tomadas hoy. Ninguno cabe entero en una excursión breve.

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ElVainero · Directorio venezolano

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