Cultura

El Sistema venezolano: qué ocurre antes de que una orquesta suba al escenario

El Sistema es conocido por sus conciertos. Su otra historia transcurre en los núcleos donde niños y jóvenes aprenden a ensayar, escuchar y tocar juntos.

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ElVainero
13 de septiembre de 20263 min de lectura0 visitas

Una orquesta se ve mejor bajo las luces: los instrumentos afinados, la entrada del director, el silencio antes de empezar. El trabajo que hizo posible ese momento suele quedar fuera de la foto. En Venezuela, El Sistema convirtió la enseñanza musical colectiva en una red de núcleos, módulos, orquestas y coros. La UNESCO ha documentado el programa como una política de formación e integración para niños y jóvenes, con atención a quienes enfrentan condiciones de vulnerabilidad.

Aprender con otros

La palabra «orquesta» puede intimidar a quien nunca sostuvo un instrumento. Pero el aprendizaje empieza bastante antes de una sala de conciertos: escuchar una indicación, repetir un pasaje que no sale, entrar a tiempo y dejar espacio para que se oiga otro grupo. La práctica colectiva ofrece algo que una clase individual no siempre puede dar. El error se vuelve audible para todos y el avance también.

Eso no significa que tocar en grupo resuelva por sí solo los problemas de una familia o de un barrio. La UNESCO describe objetivos sociales del programa, entre ellos ampliar el acceso a la formación musical. Conviene distinguir el objetivo de un resultado garantizado. Hay que observar las condiciones reales de enseñanza, el cuidado de los alumnos y la continuidad de cada sede. Los grandes números pueden impresionar; el ensayo del martes decide mucho más.

Una red extensa y cambiante

En un informe referido a 2017, la plataforma de seguimiento de políticas culturales de la UNESCO registró centros y módulos distribuidos por los estados venezolanos, además de numerosas orquestas y coros. Esas cifras pertenecen a ese informe y a ese año: no describen automáticamente la situación actual de cada sede. Las instituciones crecen, se reorganizan y también enfrentan dificultades. Para comprenderlas hay que escuchar a estudiantes, docentes y familias, no repetir una cifra antigua como si fuera permanente.

La fama internacional de algunas agrupaciones surgidas de El Sistema puede eclipsar el aula local. Sin embargo, la ruta de un músico profesional empieza a menudo en una silla prestada, con una partitura llena de marcas y una sección que ensaya el mismo compás más veces de las que quisiera. También hay alumnos que nunca harán de la música su oficio y conservarán la experiencia de haber tocado con otros. Eso ya es una historia completa.

Escuchar el proceso

Cuando se anuncie un concierto, vale la pena preguntar de dónde viene la agrupación y cómo se forma. Un programa público o comunitario no es solo el resultado de sus solistas más célebres. Necesita instrumentos mantenidos, docentes disponibles, espacios seguros y tiempo para practicar. Sin esas piezas, el escenario queda lejos.

La próxima vez que una orquesta venezolana toque una nota limpia después de un silencio difícil, habrá mucho trabajo escondido en ese segundo. Ahí empieza la parte que merece atención.

La experiencia de un estudiante también depende de poder llegar al ensayo. El trayecto, el horario, el estado del instrumento y el apoyo de su casa pesan tanto como el talento. Por eso hablar de acceso musical sin preguntar por esas condiciones deja fuera a los jóvenes para quienes una clase semanal ya supone una negociación familiar. La música necesita tiempo disponible.

Fuente: UNESCO, ficha de política sobre el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.

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