GastronomiaDestacado

El Tequeño: historia, secretos y conquista mundial del bocadillo venezolano

De Los Teques a las ferias de Madrid, Miami y Buenos Aires: el tequeño recorrió el mundo en las manos de la diáspora venezolana. Todo sobre su origen, sus variantes y por qué nadie puede comer solo uno.

R
Roberth Dudiver
28 de abril de 202612 min de lectura

Si hay un alimento que resume la identidad venezolana en el exterior, ese es el tequeño. No la arepa —aunque también— sino ese palito de masa crujiente relleno de queso blanco que desaparece de la bandeja antes de que alguien pueda servirlos todos. El tequeño es fiesta, es Nochebuena, es visita de familiares, es el snack que aparece en cualquier reunión venezolana del mundo.

Un origen que todos creen conocer

El nombre viene de Los Teques, la capital del estado Miranda, en la zona montañosa que rodea Caracas. La historia popular dice que fue en esa ciudad donde se preparó por primera vez, aunque los registros concretos son difusos, como suele pasar con los platos que se vuelven patrimonio colectivo: nadie tiene la receta original, pero todos tienen la de su abuela.

Lo que sí es claro es que el tequeño existía en la Venezuela del siglo XX como un pasapalo de clase media caraqueña. Se hacía en casa para bodas, bautizos, quinces y cualquier celebración que mereciera tener algo especial en la mesa. Antes de que hubiera marcas ni congelados, el tequeño se amasaba a mano, se enrollaba en el queso, se freía justo antes de servir y se comía quemando los dedos porque nadie esperaba.

La masa: el secreto que cada familia guarda diferente

La receta básica tiene harina de trigo, mantequilla, huevo y queso blanco duro rallado integrado en la masa. Esa es la versión clásica. Pero hay familias que agregan un toque de papelón para que quede ligeramente dulce, otras que usan queso de mano más suave, otras que añaden una pizca de anís. No hay consenso. Hay tantas recetas como cocineras venezolanas.

El queso del relleno también varía: el llanero duro es el más tradicional porque aguanta el calor sin derramarse del todo, pero muchos prefieren el queso de mano porque cuando se funde crea ese hilo que es casi obsceno de satisfactorio. El queso de año, más curado, da un sabor más intenso. Y desde que la diáspora se instaló en distintos países, el tequeño se ha adaptado: en Argentina se hace con mozzarella o tybo, en España con manchego, en Estados Unidos con monterey jack.

Frito u horneado: el debate eterno

Los puristas dicen que el tequeño tiene que ser frito. La corteza crujiente que se forma en aceite caliente no se replica en el horno. Pero la realidad de la diáspora —con cocinas pequeñas, aceite caro y el miedo de llenarlo todo de olor— impuso el tequeño horneado. El resultado es diferente: más suave, menos grasoso, más parecido a un pan. No es lo mismo. Pero es igual de adictivo.

Hoy existen versiones al aire frito (airfryer) que según sus defensores logran el mejor equilibrio entre lo crujiente del frito y lo limpio del horneado. El debate en los grupos de venezolanos en el exterior podría durar semanas.

La conquista del mundo

Cuando los venezolanos empezaron a migrar en masa a partir de 2015, el tequeño migró con ellos. No como recuerdo ni como foto, sino como negocio. En Buenos Aires proliferaron los emprendimientos de tequeños congelados con envío a domicilio. En Santiago de Chile, hay venezolanas que los venden en feiras y en fondas. En Madrid, los tequeños aparecieron primero en reuniones de venezolanos y luego en restaurantes, festivales de comida y tiendas gourmet.

En Miami, donde la comunidad venezolana es enorme, hay marcas de tequeños congelados que se venden en supermercados latinos y se exportan a otras ciudades. En ciudades como Houston, Atlanta y Orlando, los tequeños son el producto estrella de muchos emprendimientos venezolanos. Se venden por docenas, por cajas, congelados para hacer en casa o calientes para llevar.

Hay algo en el tequeño que lo hace perfectamente exportable: es pequeño, es fácil de comer de pie, no ensucia, tiene ese contraste de textura crujiente y queso derretido que es universalmente irresistible. No requiere cubiertos. No requiere contexto cultural para entenderlo. Uno lo prueba y ya.

Los rellenos que nadie esperaba

La versión clásica es queso. Punto. Pero la diáspora y el emprendimiento venezolano han creado un universo de variantes que haría temblar a los puristas. Hoy existen tequeños rellenos de chocolate (el más popular en el exterior), de nutella, de guayaba con queso, de jalapeño, de pollo mechado, de pernil, de mortadela. Hay versiones dulces y versiones saladas que no se parecen en nada al original.

¿Son todos tequeños? Técnicamente, si tienen la masa y la forma, sí. Pero el alma del tequeño es el queso. Todo lo demás es innovación, y Venezuela siempre ha sabido innovar en lo que come.

El tequeño como símbolo

En los últimos años, el tequeño se convirtió en algo más que un bocadillo. Es un símbolo de identidad venezolana en el exterior. Cuando un venezolano en Madrid prepara tequeños para sus amigos españoles o colombianos, hay algo más que comida en ese gesto: hay orgullo, hay pertenencia, hay la necesidad de decir «esto somos nosotros».

Los venezolanos en el exterior aprendieron que su gastronomía es un pasaporte cultural. La arepa abre conversaciones, el pabellón genera curiosidad, pero el tequeño —ese palito de masa y queso— enamora a todo el que lo prueba. Y cuando alguien que no es venezolano pregunta cómo se hacen, se convierte en un momento de transmisión cultural que no tiene precio.

Así que la próxima vez que estés en una reunión y veas que la bandeja de tequeños se vació antes de que pudieras tomar el segundo, no te frustres. Es que así funciona. Siempre faltan tequeños.

Temas
#tequeno#gastronomia venezolana#bocadillo#queso#diaspora#los teques#receta
R

Escrito por

Roberth Dudiver

ElVainero · Directorio venezolano

Volver al blogGastronomia