El Lago de Maracaibo no es técnicamente un lago: es una bahía conectada con el Golfo de Venezuela y el Mar Caribe a través de un canal angosto. Pero los venezolanos lo llaman lago y así es reconocido mundialmente, así que ese debate puede quedar para los geógrafos. Lo que importa es que es uno de los cuerpos de agua más antiguos, más grandes y más importantes de Latinoamérica.
Antigüedad geológica
Las estimaciones científicas ubican la formación del Lago de Maracaibo entre 20 y 36 millones de años atrás. Si se confirman las cifras más altas, sería el segundo lago más antiguo del mundo después del Lago Baikal en Siberia. Esa antigüedad tiene una consecuencia importante: el lago alberga especies endémicas —que no existen en ningún otro lugar— que evolucionaron en ese ecosistema durante millones de años.
El petróleo bajo el agua
En 1914, cuando el primer pozo petrolero comercial brotó en las orillas del lago, Venezuela entró en la era del petróleo. En las décadas siguientes, la cuenca del Lago de Maracaibo se convirtió en uno de los campos petroleros más productivos del mundo. Las torres de extracción —palafitos modernos entre los palafitos indígenas— llenaron las aguas del lago. El petróleo transformó Maracaibo de ciudad regional a metrópolis.
Los palafitos de Santa Rosa de Agua
Cuando Alonso de Ojeda llegó al lago en 1499 y vio las casas construidas sobre pilotes en el agua por los indígenas Añú, exclamó que parecía una pequeña Venecia. Ahí nació el nombre Venezuela: pequeña Venecia. Las comunidades de palafitos siguen existiendo hoy en Santa Rosa de Agua y otras zonas del lago, aunque en condiciones muy distintas a las originales.
La contaminación: el desafío pendiente
Décadas de actividad petrolera dejaron su marca en el lago. Los derrames, los ductos rotos y la falta de mantenimiento de la infraestructura de PDVSA crearon uno de los problemas ambientales más graves de Venezuela. El duckweed —una planta acuática invasora— cubre en algunos períodos grandes extensiones del lago, afectando la fauna y el turismo. La recuperación ambiental del Lago de Maracaibo es uno de los retos ambientales más urgentes de Venezuela.