Emprendimiento

Mujeres venezolanas que emprenden: el negocio no termina en la cocina

La imagen de la emprendedora migrante suele quedarse en la comida casera. También hay servicios, oficios y tecnología, con obstáculos de tiempo y capital.

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ElVainero
11 de septiembre de 20263 min de lectura0 visitas

Cuando se habla de una venezolana que emprende fuera del país, aparece rápido la bandeja de tequeños. Es un negocio real para muchas, pero también una imagen demasiado estrecha. Hay mujeres que reparan equipos, diseñan páginas web, cuidan niños, enseñan idiomas o montan talleres de costura, y cada una debe encontrar clientes mientras resuelve asuntos que rara vez salen en la foto del emprendimiento: documentación, vivienda y cuidados. No las une un producto.

El dato detrás del elogio fácil

Una evaluación de ACNUR publicada en 2025 revisó un proyecto de integración laboral en varias regiones de Colombia. Registró mejoras en empleabilidad y emprendimiento, especialmente entre mujeres, y señaló que 92 % de los negocios apoyados seguían activos a comienzos de 2025. Ese porcentaje corresponde a las iniciativas de ese proyecto; no describe a todas las emprendedoras venezolanas. La misma evaluación advierte límites ligados a la situación migratoria, los mercados laborales locales y el seguimiento posterior. Fuente: ACNUR, evaluación de integración laboral de 2025.

Conviene desconfiar de la historia que convierte cualquier dificultad en una lección de resiliencia. Montar un negocio por falta de empleo digno puede dar autonomía, pero también puede implicar jornadas interminables y pocos ingresos. Decir ‘qué valiente’ no paga el alquiler ni reemplaza una guardería.

El tiempo es parte del capital

Quien cuida a familiares tiene menos horas para producir, vender y aprender. Eso cambia el tipo de proyecto viable. Un servicio con citas programadas puede encajar mejor que una tienda que exige abrir todo el día; para otra persona ocurrirá al revés. Antes de invertir en materiales, vale hacer una cuenta honesta de las horas disponibles, del tiempo que llevará vender además de producir y de quién puede cubrir una emergencia doméstica cuando una entrega no admite espera. No es falta de ambición. Es administración.

Las redes pueden ayudar si van más allá de comprarle a una conocida una vez. Recomendar un trabajo bien hecho, pagar en la fecha acordada, compartir información sobre cursos serios o colaborar con una entrega tiene impacto. Si alguien ofrece mentoría, es mejor que explique qué sabe y cuánto tiempo puede dedicar, en vez de prometer contactos milagrosos.

Crecer sin volverse invisible

Un portafolio, un registro de costos y acuerdos por escrito permiten medir si el negocio funciona. También dejan huella del trabajo propio. En proyectos familiares, es frecuente que la persona que cocina, diseña o atiende no figure en la marca o en las cuentas. Reconocer quién toma decisiones y cómo se reparte el ingreso no es un detalle administrativo.

La formación y los apoyos públicos o comunitarios cambian por ciudad. Antes de inscribirse en un programa o solicitar financiación, conviene revisar la institución responsable y las condiciones actuales. Los relatos de éxito de otro país pueden inspirar; no son instrucciones.

La bandeja de tequeños seguirá vendiéndose, claro. Solo que la foto completa también incluye un taller, una laptop gastada y una mujer que quiere decidir cuánto vale su trabajo.

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#mujeres venezolanas#emprendimiento#integración laboral#diáspora#acnur 2025
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ElVainero · Directorio venezolano

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