Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo certificadas del mundo. Más de 300.000 millones de barriles, según datos de la OPEP. Más que Arabia Saudita, más que Irak, más que Irán. Es, en términos de recursos bajo tierra, uno de los países más ricos del planeta. Y en 2024 enfrenta una crisis económica, social e institucional que expulsó a más de 7 millones de sus ciudadanos. Esa paradoja merece ser entendida, no solo denunciada.
El descubrimiento y la maldición
El petróleo venezolano se descubrió en el Lago de Maracaibo en 1914, cuando un pozo perforado por la compañía Shell produjo el primer flujo comercial. En los años siguientes, Venezuela pasó de ser una nación agrícola y ganadera a ser uno de los mayores productores de petróleo del mundo. El cambio fue tan rápido que los economistas lo estudian como uno de los casos paradigmáticos de la «enfermedad holandesa»: cuando un país recibe tanta riqueza de un recurso natural que su economía se desestructura alrededor de ese recurso y pierde capacidad productiva en otros sectores.
El Gasto del siglo XX
Durante el siglo XX, los petrodólares financiaron la modernización de Venezuela. Caracas se convirtió en la ciudad más cosmopolita de Sudamérica en los años 50 y 60. La clase media venezolana viajaba, compraba autos importados, mandaba a sus hijos a estudiar en el exterior. El venezolano de esa época se ganó la fama del «dame dos» en Miami: el cliente que compraba dos de todo porque podía.
PDVSA: el colapso de la joya
Petróleos de Venezuela (PDVSA) fue creada en 1976 con la nacionalización de la industria petrolera. Durante décadas fue considerada una de las empresas petroleras estatales más eficientes del mundo. Tenía capacidad tecnológica, personal altamente calificado, refinancieras propias en Estados Unidos y Europa. Esa empresa fue desmontada progresivamente a partir del paro petrolero de 2002-2003, cuando miles de trabajadores calificados fueron despedidos y reemplazados por personal sin la misma formación técnica. La producción, que llegó a superar los 3 millones de barriles diarios, cayó a menos de 700.000 en algunos períodos de la crisis.
La lección que sigue sin aprenderse
El caso venezolano es estudiado en economía, ciencia política y relaciones internacionales como un ejemplo de cómo la riqueza de recursos naturales, sin instituciones sólidas, sin diversificación económica y sin transparencia, puede terminar siendo una maldición en lugar de una bendición. No es el único caso en el mundo. Pero sí es uno de los más dramáticos y recientes.
Venezuela sigue teniendo el petróleo. Lo que cambió es todo lo demás.