El hielo del Pico Humboldt fue perdiendo tamaño durante décadas. La noticia de su desaparición como glaciar puede sonar abstracta si uno piensa en una mancha blanca sobre una montaña lejana. Hay una diferencia física detrás: un glaciar es una masa de hielo capaz de moverse por su propio peso. Cuando el resto se vuelve demasiado pequeño para hacerlo, cambia de categoría. No es una discusión de palabras solamente.
Lo que muestran las imágenes
La NASA comparó imágenes satelitales de 2015 y 2024 tomadas hacia el final de la estación seca. Según su análisis, la superficie de hielo pasó de alrededor de 0,1 kilómetros cuadrados en 2015 a una décima parte en 2024. NASA explica que no existe un tamaño universal que marque exactamente cuándo deja de existir un glaciar, pero que el resto del Humboldt ya era demasiado pequeño para fluir bajo su peso. Con esa definición, Venezuela quedó sin glaciares activos.
Las fechas importan. No sería honesto convertir una observación de 2024 en una medida exacta del hielo actual. El clima, la nieve estacional y nuevos registros pueden modificar la apariencia en una fotografía. El cambio de largo plazo, en cambio, aparece en décadas de imágenes y estudios. La misma nota de NASA cita estimaciones de una extensión mucho mayor a comienzos del siglo XX.
Por qué resistió allí
El Humboldt está en la Sierra Nevada de Mérida, cerca de algunos de los picos más altos del país. La altura permitió que el hielo persistiera en una región tropical. La topografía pudo ayudar: una pendiente relativamente menos abrupta daba lugar a la acumulación de nieve. Pero esas condiciones dejaron de ser suficientes frente al calentamiento sostenido.
No todo el impacto puede deducirse de una sola imagen. Para entender efectos sobre agua, suelo y ecosistemas de alta montaña hacen falta mediciones locales, series largas y atención a la escala: el hielo remanente ya era muy pequeño respecto a grandes glaciares andinos. Aun así, su pérdida tiene un peso histórico y científico. Permite observar, casi en tiempo real, una transición que suele imaginarse en escalas geológicas.
Un paisaje que sigue
La montaña no desaparece porque falte el glaciar. Permanecen las rocas, las lagunas, los páramos y la vida que los habita. Cambia una de sus piezas, y con ella una manera venezolana de nombrar las nieves eternas. Eternas resultó ser una palabra demasiado confiada.
Cómo evitar una lectura apresurada
Una fotografía aislada de la cumbre puede confundir nieve reciente con hielo antiguo. Por eso la comparación de NASA utiliza imágenes de temporadas equivalentes y se apoya en estudios de varias décadas. El método no elimina toda incertidumbre, pero vuelve la discusión más sólida que un antes y después elegido por impacto visual. Lo que se perdió no es cualquier blanco sobre la roca: es una masa de hielo persistente que había acumulado historia climática.
El término posglacial también necesita contexto. No significa que nunca volverá a nevar en Mérida, ni que cada rincón de los Andes venezolanos tenga la misma temperatura. Se refiere a la ausencia de un cuerpo de hielo que cumpla la función física de glaciar bajo la definición utilizada. Esa precisión evita dos errores opuestos: minimizar el retroceso porque todavía puede verse nieve, o anunciar que desapareció toda la vida fría de la montaña.