Desde lejos, una fiesta de San Juan puede parecer solo tambores y baile. Quien se queda un poco más percibe otra cosa: una celebración organizada durante meses, una imagen que cambia de manos, cantos que algunos conocen desde niños y una memoria compartida que no necesita explicarse a cada visitante. La UNESCO inscribió en 2021 el ciclo festivo de devoción y culto a San Juan Bautista en Venezuela como patrimonio cultural inmaterial. La palabra «ciclo» importa. La fiesta no cabe en una sola noche.
Una devoción que se mueve
Según la documentación de la UNESCO, el 23 de junio los sanjuaneros visitan amistades, iglesias y casas dedicadas al santo. Hay procesiones, relatos, canto, danza y percusión. La celebración tiene formas distintas según la comunidad: no suena igual en todas partes ni responde a un guion único. Atribuirle una sola versión borraría el trabajo de quienes la sostienen en barrios y pueblos concretos.
La fecha remite a San Juan Bautista, pero el significado de la fiesta supera una descripción religiosa breve. Para sus portadores también es una forma de recordar a antepasados esclavizados y de afirmar resistencia y libertad. Esa relación entre devoción, música y memoria afrovenezolana aparece de manera explícita en la decisión de inscripción de la UNESCO. No es un detalle decorativo para agregar al final de una nota turística. Es parte de la celebración.
El tambor no toca solo
La imagen de un tambor puede circular muy bien en redes. Cuesta más mostrar lo que lo rodea: quién enseña el ritmo, quién cuida el instrumento, quién prepara la comida, quién presta la casa y quién decide por dónde irá la procesión. Las tradiciones viven gracias a esas tareas. Si se retira a la comunidad del centro, queda un espectáculo fácil de consumir y difícil de comprender.
También hay espacio para el visitante. Acercarse con respeto significa atender las indicaciones locales, evitar interrumpir actos de devoción para conseguir una foto y entender que una plaza llena no equivale a un escenario montado para turistas. La música invita; la invitación no borra las reglas de quienes reciben.
Patrimonio que sigue sucediendo
Las listas de la UNESCO suelen leerse como un diploma colgado en la pared. Aquí la idea es otra: reconocer un conocimiento vivo que necesita transmisión y participación. Los jóvenes que aprenden los cantos o entran en un grupo de tamboreros no repiten una pieza inmóvil del pasado. La llevan al próximo junio.
Por eso la noticia de 2021 conserva interés. No declara terminada la historia de San Juan; obliga a mirar mejor a quienes la cuentan. Cuando el tambor se detiene, la fiesta sigue en las conversaciones, los preparativos y las promesas para el año siguiente.
Hay otra manera de acercarse desde lejos. La documentación de la UNESCO permite conocer las palabras de la candidatura y ver cómo describen la fiesta sus portadores. Después se pueden buscar registros hechos por las propias comunidades. Así, el tambor que aparece en pantalla conserva un lugar y unos nombres, en vez de volverse un sonido anónimo para ambientar un video.
Fuente: decisión oficial de la UNESCO sobre el ciclo festivo de San Juan Bautista.